A mí me podrán decir lo que quieran: gabacho wannabe, red neck o ni de aquí-ni de allá. Pero mi carro favorito de todos los tiempos es y será el Ford GT40, que si bien su desarrollo fue en Inglaterra, como dicen por ahí “el que paga manda” y Mr. Henry Ford II le firmó con gusto a la chequera hasta desarrollar un carro brutal y sin competencia. Por lo menos en 1966 cuando en Le Mans hicieron el 1-2-3 y dándose el lujo de cruzar la meta a 40 km/h. 

El secreto del GT40 Mk II era un motor desalmado en poder, nada más que el inolvidable 427 de 7.0 litros que traía 550HP a solo 5,600 vueltas y si sumamos que solamente tenía que empujar 1,088 kilos, el resultado era un carro endemoniado que aceleraba de 0 a 100 en apenas 2.1 segundos y alcanzaba los 320 km/h sin chistar.

El nombre de GT40 proviene de las 40 pulgadas que mide de alto, para que calcules en “mexicano” son algo así como 101.6 cm -como Nelson Ned, pero de puntitas-. Un carro sin tiempo y con historia que cada año se ve mejor y su desempeño sigue humillando a los superautos actuales. ¿Cómo ven? ¿Tengo razón en que me guste tanto o ya me afectaron las cervezas?

 

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