Hablar de los autos Z de Nissan, ayer Datsun, implica mucha y muy romántica historia. Nos remonta a aquel 240 Z, que tomó la estafeta que dejaran los muscle cars americanos tras el embargo petrolero árabe y las normas ambientalistas, entrados los años 70.

Después del 240, 260 y 280, con sus legendarios motores 6 en línea que azotaban las calles, dieron entrada a la tercera generación de autos Z en 1984 con el nuevo 300 ZX que cambió la configuración del motor, ahora estos japoneses contarían con un V6.

Pues bien, hoy traemos entre manos al descendiente directo de aquellos vehículos, en lo que seguramente será la última versión antes de una renovación total. El 370 Z será buscado por coleccionistas, como ese último samurái que usaba su katana y un motor aspirado.

Por fuera no nos deja de enamorar, ya que este coche se ve compacto, robusto, muy atrevido y ágil, incluso rodando a 20 por hora con el nuevo reglamento de Miguel Ángel Mancera.

Cuenta con faros alargados con un caprichoso corte tipo “L”, que marcan el puente que une al cofre con la parte frontal del Z, con sus múltiples cortes y trampas de aire. La caída del techo recae en el trasero, por demás redondeado y apoyado sobre un difusor con dos salidas de escape de diámetro generoso.

Por dentro, lo percibimos muy completo y adecuado (si fuera 1994). Sentimos que el diseño necesita una refrescada intensa, como en el ajuste de profundidad en el volante, la recolocación de algunos botones y un engordamiento urgente del volante, pues la única diferencia de éste con el de un Sentra, es la Z en el centro. Por otra parte, los asientos son de excelente calidad  y de la comodidad ni hablamos, podemos aventarnos un Mérida–Alaska sin necesidad de llorar por un huesero a mitad del camino.

Hablemos de lo que realmente marca la “diferenZia” en este auto, sí, es el motor V6 de 3.7 litros de 332 HP, que con una compresión de 11 a 1 y un sistema de apertura variable de válvulas, hacen gritar a los escapes gemelos con una nota entre aguda y qué sé yo, muy particular, justo cuando el tacómetro pasa las 4,800 vueltas.

La transmisión automática de siete cambios está un par de escalones por debajo del V6, ya que a un auto de tan agresiva apariencia y tracción trasera que no sale patinando entre humo blanco, le falta su dosis de medicinas como las de la tenista Maria Sharápova.

A altas velocidades es una delicia para manejar, noble, predecible y fácil de corregir cuando la cola quiere tomar su camino propio. Me atrevería a calificarlo como uno de los mejores autos para llevarlo de lado. Algo tiene que ver una refinada suspensión y un balance adecuado de peso.

Sin duda, el último de una especie, que es de las más queridas y veneradas en el mundo. Así que si quieres tener una joya en tu garaje, solo faltará que desembolses 560,900 por la versión manual o 573,400, si únicamente deseas dos pedales y unos aretes.